sábado, 31 de marzo de 2012

MI MUNDO

Se aparece de repente una mano con una galleta maría, por entre la abertura, me la ofrece. De ese modo y no de otro entra en mi mundo. La cojo y la como, tras lo cual, la misma mano me ofrece un café con leche. Pregunto si tiene azúcar y ante la afirmación de la voz grave y "salivosa" de la mano, me lo tomo, no sin antes soplarle. La voz me pregunta algo, imagino lo que quiere. Busco en el bolsillo de mi camisa y noto algo duro.Creo que...¡Coño, una bala de 9 mm! Jooder, ayer mi Mr. Hyde se pasó un pelín, pero es parte de mi, ¿qué le voy a hacer? Pienso que estaría bien, para la resaca, tomarme un bocadillo de B-12’s. Me pongo los zapatos nuevos, consciente de que lo que no puedo hacer es poner zapatos de invierno en verano, y viceversa, porque ¿Y luego en invierno que zapatos vas a poner? De repente una neblina blanca lo cubre todo.

Me encuentro preparando un café solo y cargado, tan cargado que se mantiene la cucharilla completamente vertical, así es como me gusta. Pongo unas tostaditas en la tostadora y me voy al baño, que me gusta lavarme la cara y echarme desodorante, así como mi cremita hidratante, que soy yo muy agro sexual. Pero... ¡Valla por Dios! El fax que me entró, avisando de que llegaba un pedido, ponía solo líquido y estaba equivocado, también venía sólido. Me marco un strike, que para los no iniciados es cuando toca agua sin soltarse de uno. Por esta razón, cuando llego para quitar las tostadas solo queda una posibilidad, echarles nivea solar.

Con el café y las tostadas me pongo ante la televisión. Tras diez minutos buscando el mando, incluso invocándolo, lo encuentro entre dos cojines XXL. Son tan grandes que si pones cuatro cojines en el sofá, te tienes que sentar en el suelo. Parecen Puff’s en vez de cojines. Enciendo el aparato y pongo las noticias. Mariano Oscuro, con su lugarteniente Cospedal Vader, sirviéndose de todos sus clones, han vuelto a tramar un golpe de estado a la República independiente de mi casa. ¡Que fuerte! En Noruega, y en pleno verano, se congela un Friordo. ¡Vaya tela, la noticia! No hay nada más para poner. En los deportes hablan del campeonato de vela que está a punto de comenzar en el puerto de Valencia. Me visualizo llegando allí con un cubo lleno de garbanzos y un cirio encendido clavado en los mismos, tapando la llama con la mano izquierda para que no se me apague, y al mismo tiempo que soy observado por "regatistas" de chaqueta Slam y gafas Oakley, pregunto si es aquí el campeonato de vela.

Siempre se me va la olla cuando es la hora. Apago la tele; cojo la llave; seguro que me olvido algo. Me dirijo al garaje. Aquí, en A Lobeira, alivia saber que el que le puso el nombre, o lo puso hace mucho, pero que mucho tiempo, o lo puso al salir del bar después de una sesión maratoniana de solysombras y confundió a los gatos. Debía ser primo o descendiente del que bautizó el Mar Rojo, que en realidad es verde. ¿Estaría de vinos y miró, por error a través de la copita?

Otra vez. No me para la cabeza. ¡Mierda! Ya se me ha vuelto a olvidar sacar la carne para la comida del congelador. Apago el coche, me bajo y me dirijo de nuevo a casa. Hoy llego tarde seguro. Abro el arcón, ¿hoy tocaba...? ¡conejo!. Que os digo una cosa, a mi, al conejo, además de ajo, perejil y romero, me gusta echarle Nice tomillo. 

Llego a la oficina. Un compañero me comenta de cómo iba el sábado. ¡Ya empezamos! ¡Yo solo, que tu fuiste a la biblioteca, a estudiar!. Mi oficina es peculiar donde las haya y cargada de un montón de gente, a cada cual más especial y variopinta. Como el "flojo" de la sección de Polipastos, que nunca hace nada y que, según Forlanio, el del departamento de Prenotilos, cada vez que trabaja escribe un libro: "El día que trabajé". O como Truñez, uno muy cagao, que cada vez que le echa cojones a alguien, no uno, sino una bandada de cuervos blancos nace y sobrevuela la ciudad. Aquí, mis jefes, están a punto de patentar el Brown Spining, ya que los marrones se centrifugan para así poder llegar e "iluminar la existencia" a todo el mundo.

Aquí, los ordenadores, si no están bien limpios, pueden fallar; ¡en serio!, un antiguo directivo de aquí llegó a decir "¿Cómo vas a sacarme las cuentas si tienes la pantalla llena de dedos"?. ¡Que grande! ¡Un visionario laboral! ¿En que cabeza cabe?. Y no sufres estreñimiento sino que tienes atascado "o vasieiro". Y si lo que tienes es colesterol, tienes atascados "os cañeiros". El de mantenimiento, que entre otras cosas enciende y apaga la caldera, después de todo un día trabajando al lado de la caldera encendida, estaba "¡aquí, fresquito!". Así pues, una oficina peculiar esta, en la que le llamas burro a un compañero y luego, dándote un golpe en la boca dices: "¿qué dices?, ¡ma-la!"; o en donde un compañero se agacha y le hablas del "culito de gitana que se le está poniendo" o das un golpe de cadera en las cachas y le dices "vaya pisito que te he puesto". Somos así, y no tenemos que hacerle. ¿Otra vez la niebla puñetera esta?...

Estoy saliendo de la oficina y me dirijo a casa. Voy por la autovía y pasa un Socio Colaborador del Club de Renovaciones de la Guardia Civil de Tráfico o Miembro Fundador del Club de amigos de la Zona Roja, pisándole al Renault y cuando elucubro sobre la ostia que se va a meter imaginando el titular de mañana: "Renault Twingo colisiona contra columna de alta tensión y arroya 18 eucaliptos tras perder el control del vehículo en que viajaba. Todo apunta a un exceso de velocidad". Menuda ostia contra la "colunita", como diría un compañero. "Recuperados los papeles tras escarcelar al conductor, se comprueba que no era un Twingo, sino un Laguna". En esas estoy cuando llego a casa.

¡Que bien huele! Hoy como, tomo un café, corto el césped y luego juega la selección, lo que me recuerda aquella vez que viendo un partido con los compañeros de la oficina, Albelda hizo una de sus entradas brutales y cayó al suelo, medio noqueado. Alguno hizo un comentario mientras este se levantaba (a modo de doblaje cinematográfico):
"Mi casco, mi casco ¿dónde está mi casco?. - y continuó coincidiendo con lo que un compañero le decía al jugador en las imágenes - No, Albelda, no; esto es futbol europeo no americano."

Mi mujer vuelve a poner una de las series que vemos justo en el momento en que yo iba a por agua a la cocina. Me callo porque si digo algo la discusión terminará con un "Además, tu no estabas", como siempre. No me gusta esa faceta dictatorial suya. Tras la serie, mientras friego, ya que por acuerdo contractual el que cocina no friega, decide irse a poner una lavadora. Aprovecho el momento para poner la 2, el canal para la inmensa minoría. Ñus en la sabana, ¡no me digas más!, van a llegar al río Zambeze, ese gran desconocido, nadie sabe lo que pasa más allá del río Zambeze y esto es debido a... zzzzzzzzzzz...


Mi mujer me despierta, no sin trabajo, cuando comienza el partido. Máxima rivalidad pero no se juegan nada. Esa entrada a Iniesta me acaba de recordar los resbalillos que va ofreciendo uno que yo me se cuando se pasa con las tónicas o los “riojitas”, o la mega-ostia que se pega Bruce Willys en un momento de la película La Jungla de Cristal 4.0, que según mi cuñado, no duele, “¡¡¡PICAAAAAA!!!. Lo que también ocurre cuando alguien, por ejemplo uno mismo, se mete la leche de su vida en su moto de menos de un año al entrar pensando en sabe Dios que cosa en una curva. Si, hermano, ¡¡Picaaaaaa!!. Esto me lleva a pensar en la partida de cascos para gallinas que tengo que solicitar por internet para regalarle al dueño de la casa de aquella curva, que me ayudó a levantar la moto y siempre tiene a las gallinas sueltas por allí sin protección alguna. Un detallito sin importancia. Además me he dado cuenta de que ya me miran raro, como desconfiando de mi cuando paso.

En fin, España ha vuelto a ganar. Anuncios. Cuando estoy a punto de apagar la televisión, otro anuncio podrenco, es otro accesorio inútil de la Geluquita, si de la gata blanca sarnosa y con lacito rojo. ¿Qué es esta vez? ¿Qué aspecto vital de la vida de una niña queda por cubrir? Quizás... ¿El consolador de Geluquita, para ampliar el rango de edades a los que afecta la fiebre de la jodida gata? Si, como se diría en mi mundo, aquí "afilei a navalla" (afilé la navaja). Vamos, que he aplicado mi característica y peculiar ironía. Cuando las afiladas son muy consecutivas se puede considerar el darle un punto de soldadura a la navaja para que no se cierre entre puñalada y puñalada.

Cena y para cama, me duermo y abandono este mundo, mi mundo, a la vez peculiar y raro, extraño para algunos e incluso complejo o retorcidamente enrevesado para otros, y desordenado. En el que cuando suelto cualquiera de estas ocurrencias, no estoy loco, sino que alguien me suelta un "tu no te vayas mirar eso, que es una pena" o un "como estas de la cabeza, no te para nada".

¡Qué feliz soy, joder! ¡Y qué irónico!.

1 comentario:

Maria dijo...

Te felicito,esta vez te has superado pero lo de la Geluquita.......chapó muchacho,no puedo parar de reir, es la primera vez que oigo llamarla asi.
Saudiños