¡Mi ma! Xa pasaron por aquí...

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jueves, 5 de mayo de 2016

Cuando conocí a Odile

Hace ya un tiempo, en una de esas tardes perdidas viendo el único canal informativo en abierto que queda en nuestro país de pandereta, tras aquel fatídico día en el que eliminaron de la parrilla televisiva un canal de noticias para retransmitir las "discusiones y peripecias" de 15 o 20 "monguers" encerrados en una casa las 24 horas del día, conocí el testimonio de una doctora de familia a la que, tras haberle detectado un cáncer de cuello de útero, y habérsele complicado con metástasis en pulmones y otros órganos, haber iniciado el tratamiento convencional consistente en quimioterapia, radioterapia e intervenciones de cirugía invasiva para intentar eliminar el tejido tumoral de su cuerpo, decidió, además de todo eso, cambiar muchos de sus hábitos alimentarios y de vida, propiciando que las metástasis desapareciesen de su organismo en muy poco tiempo. El programa creo que se llamaba ZOOM Tendencias y la doctora en cuestión era Odile Fernández.

El libro (lo estoy leyéndo ahora), el cual no es apto para hipocondriacos ni aprensivos lleva de título

domingo, 13 de septiembre de 2015

SETE ANOS…

“Como ha pasado el tiempo, parece que fue ayeeer cuando jugaban…” Así reza o comezo dunha canción de José Luís Perales adicada á sua filla… Pero si, como pasou o tempo. Fai hoxe 7 años, cuns 20 kilos menos e algún que outro pelo máis na fronte, metía presa aos meus pais, cuia puntualidade dista de ser Inglesa, e moito menos Lobeiresa [votar un ollo ao artígo anterior], para non chegar tarde á celebración, onde aquela mesma tarde me uniría en matrimonio coa filla do Panadeiro da Localidade. Tanto fincapé fixen na puntualidade, que cando chegamos, con máis de 20 minutos de

martes, 13 de septiembre de 2011

DECÍA HACE 3 AÑOS...


Yo, Fran, te quiero a ti, Lucía, como esposa. Después de estos años, he aprendido a amarte cada día y a entregarme a ti. Quiero seguir con esa firmeza, serte fiel, que juntos pasemos nuestros mejores momentos y que unidos afrontemos nuestras mayores dificultades, que no dejemos de mirarnos a los ojos ni cuando estemos contentos, ni cuando nos venza el cansancio o la enfermedad. A ti hoy te ofrezco esto, es lo que tengo y puedo darte, pero quiero compartirlo contigo todos los días de mi vida.


Si, mis amados y queridísimos lectores y amigos, hace ya la friolera de 3 años que decía esto, tal día como hoy, en la no muy lograda iglesia de una parroquia del Noroeste gallego, donde hoy, 13 de Septiembre, comienza un clásico del surf; la friolera de 20 kilos de masa corporal que no me ha costado nada ganar, como si de disgustos se tratase, desde que nos unimos mi mujer y yo en semejante sagrado sacramento; la friolera de una ahijada más, Carla, que por aquel entonces asistió a nuestro enlace con una placenta, una pared abdominal y un "ombligo materno" de por medio; la friolera de toda esa gente nueva que vino a compartir sus alegrías y sus pesares con nosotros, a nuestra "Terrazas Lobeira", sin siquiera tener que hacernos de rogar, dándonos ese punto de anfitriones que tanto nos gusta a Lucía y a mi, y también la friolera de algunos "ciegos" o "indolentes" que no supieron valorar nuestra, por que no admitirlo también, a veces descuidada pero realmente sincera amistad; la friolera de una Harley Davidson, mi moto soñada, aparcada en el garaje de casa y pendiente de ser "liberada" de una limitación electrónica causada por la falta de experiencia de su inexperto "jinete"; 

y la friolera de mi mujer, a la que sigo queriendo como el primer día que "me declaré", dejándome sin respiranción cada uno de estos tres inviernos, al meterse en cama y pegar sus pies gélidos a los míos siempre en su punto correcto de temperatura o consiguiendo que cada día de este, por otro lado, inexistente verano, me levantase encharcado en sudor y soñando con piscinas, gracias a su socorrida "mantita de verano".

Desde aquí y para que quede constancia, aunque intuyo que por más que se lo diga, recuerde o suplique, antes nace un caimán "rosa chicle fucsia raro" que que mi mujer lea lo que escribo en este humilde y, para mi, desestresante blog.


TE QUIERO, cariño.
(solo un poquito más que el primer día, porque si pongo mucho más, a ver que te digo que no suene a farol el día de nuestras bodas de oro)