sábado, 18 de junio de 2011

MIS DEFECTOS, TUS CUERNOS


¿Por qué resaltas a quien pueda oírte, lo gordo que estoy, lo poco que me cuido o cualquiera de mis carencias físicas? ¿Es quizás para que la gente no se fije en lo mala persona que eres? Pues a pesar de esto, yo me he dado cuenta. Eres un auténtico HIJO DE PUTA. Aparte de ser un cabronazo, cruel, engreído, arrogante, envidioso y acomplejado.
¿Por qué no pruebas un día a dejar una cámara grabando tu puesto de trabajo para darte cuenta de lo verdaderamente cabrón que puedes llegar a ser al cabo de tu, por que no decirlo, escasa y poco productiva jornada laboral. De todos los trabajos que deberías desempeñar no haces ni el primero. Nada es cosa tuya, todo es cosa de otro. Los delegas, para así poder explayarte jugando a los coches o a la guerra con tu PC, o haciendo el trabajo que podría hacer el más nuevo de tu departamento.
Tratas a la gente como el desalmado que eres. Eres capaz de joder tus propias vacaciones y a tu propia familia, para amargarle a tu compañero, el nuevo, las suyas. Eres esa clase de persona a la que si le dan un poquito de poder, se vuelve represiva, dictatorial, opresora y corrupta. Eres como el personaje de Maquiavelo, tu fin justifica cualquier medio para conseguirlo. A veces parece que no estuvieses casado y no fueses padre, porque incluso cuando sales de marcha con tus amigotes, dejando a tu mujer con tu bebe en casa, te comportas como un solterón baboso y ansioso por follarte a lo que se te ponga por delante.
En tu vida solo importas tu, tu y otra vez tu. Todo gira en torno a ti y solo hablas de ti mismo. Tu eres el que mejor lo hace todo en tu oficina, aunque a menudo lo hagan los demás. Según tu versión, partes ladrillos a poyazos, eres el tío más eficiente de la Comunidad Europea. Tu coche es el mejor del mercad y no desistes hasta que te dan la razón por no seguirte escuchando. Vamos que si te da por decir que tu mierda huele a flores no pararías de restregársela a la gente por la cara hasta que te dijesen que es verdad. No hablemos de tus gadgets, siempre tienes lo mejor en cuanto a tecnología se refiere. Y por supuesto te llenas la boca hablando de tus amigos… JA, JA, JA, me río yo de tus amiguitos, están contigo unas veces porque son como tu o van camino de, y otras veces porque no tienen a nadie más con quien hablar o estar.
Según tu, eres el que más se cuida de la oficina, pero los cubatas que te mandas los sábados no cuentan, te los tomas con refresco light. Ni tampoco los platos de pasta que te metes para cenar. MIRATE EN EL ESPEJO, que por mucho que te acicales por delante, desde atrás pareces un fraile con ese principio de calva en el cogote. Todo lo que cuidas tu fachada exterior va en detrimento de tu interior. Si fueses una casa, hace tiempo que estarías en ruinas porque apenas te quedan “pilares fundamentales” en los que sustentarte. Y si fueses una fosa séptica ya iría tocando vaciarte, porque lo único para lo que vales es para almacenar mierda.
Por cierto, eres el rey de los pelotas. Allá donde ves un jefe o superior vas adulando y riendo gracias por doquier. Vas a comerles el nabo, a dorarles la píldora, y de paso, a darte ínfulas de grandeza e importancia, hablar sobre ti, que en el fondo es lo que se te da mejor. Que si yo ya le dije esto, que si yo ya hice lo otro, que si ese error no es cosa mía, que lo arregle este otro que para eso está, que si no es por mi esto no iría adelante y un larguísimo etc. que ahora se haría pesado.
A veces eres como un perro malcriado al que nunca le falta comida en su comedero y sin embargo es capaz de morder la mano de su dueño cuando va a echarle más. Te odio y odio a la gente que se comporta igual que tu. Me da la sensación que el motor de tus necesidades es ser más que nadie, y ese motor te deja tirado y en pelotas con facilidad.
Porque un tío inteligente que se hace el tonto, si lo hace bien, consigue que nos lo creamos; pero cuando se lo hace alguien con tan poca inteligencia y con tan poca cultura general como tu sólo necesita abrir la boca; porque si lo exagerases o lo sobreactuases, tendrías que orinarte encima, babarte al hablar y  balbucear.
Resulta que mi madre toda la vida me educó con dos o tres máximas fundamentales que desde muy niño rigen mi “quehacer” diario. Ella siempre decía (y dice) que:
“Lo primero hay que ser persona”. Si uno no es persona con los demás, estos no lo van a tratar como tal.
“No hagas a nadie lo que no te gustaría que te hiciesen a ti”. Esta creo que no necesita explicación, ¿no?
“La humildad ante todo”. A todos nos gusta que nos “regalen la oreja”, que nos digan lo bien que hacemos algo o lo bien que se nos da tal cosa o tal otra, pero aun así, hay que ser autocrítico sin llegar a ser condescendiente, y aunque en el momento nos guste lo que nos están diciendo, buscar como mejorar los errores que hemos cometidos.
Es triste reconocerlo, pero si alguien con dos dedos de frente te hubiese inculcado esto cuando eras solo un niño, quizás la gente no tendría que ver tu cara de “sobrao” y también la que pones cuando quieres hacerte el interesante, cada vez que miras a alguien a quien crees inferior a ti.
Te la partía en dos, la verdad es que si, te dejaba la cara del revés, que cuando mirases para abajo te vieras el culo en vez del pizarrillo, limpita de dientes y extras, pero soy mas educado que todo eso. Por eso me desahogo aquí, que todos salimos ganando. Yo lo escribo, la gente lo lee y tu sigues siendo como eres, creyéndote que la gente TE QUIERE, TE IDOLATRA y TE ADORA, aunque esto sea por lo que tienes, por lo tonto que eres o solo de boquilla, no por como eres o por lo bien que les caes.
De todos modos a menudo siento pena por ti. Me da mucha pena que no seas capaz de entender la mitad de lo que he escrito. Me da mucha pena que para leer este texto tengas que echar mano de un diccionario o de la Wikipedia. Te pondré una frase a ver si esta la entiendes:
¡¡¡Noooooo, maaaalo!!!, ¡¡¡Eso no se hace, tontito!!!.
Me quedo con una última frase, esta era de mi abuela QEPD:
“EL TIEMPO PONE TODO Y A TODOS EN SU SITIO”

domingo, 12 de junio de 2011

NO ME GUSTA CORRER

Como ya he comentado en otros artículos, vivo en una zona netamente boscosa y rural. Tierra de grandes parcelas dedicadas al cultivo masivo de Eucalipto (todo huele a mentolín), antaño muy rentable, y otras dedicadas a forraje para el ganado. Hierba, como diría yo o pradera, como la llaman los vecinos. Hace ya unos cuantos años, tuve una temporada de los más deportiva, me dediqué durante un año a correr y hacer ejercicio a todas horas, casi sin parar. Estaba lidiando con esta fiebre corredora cuando, un día, durante las vacaciones de Navidad, decidí “bajar” trotando a Pantín, unos 8 Kilómetros y medio. El problema no fue ese, el problema fue  que, a nadie en su sano juicio se le ocurre salir de su casa, situada en el medio del lugar de A Lobeira, un día 22 de Diciembre, Invierno puro y duro, a las 8:15 AM para estar a las 09:30 AM en Pantín.

Resulta que me levanté, no sin dejar sonar el despertador, a las 8 de la mañana. Ya me había ocupado la noche anterior de dejar preparadas las mallas, la camiseta, el chubasquero, los calcetines “pimkies” y los tenis de correr marca “Chotuno” o algo así. Con las legañas todavía queriendo tirar de mis párpados hacia la posición de “cerrado”, me puse todo el vestuario y bajé las escaleras. Entré al baño, me enjuagué la cara y cogiendo un plátano, me dispuse a correr a la vez que ponía en marcha mi pulsómetro para cronometrar la actividad.

Lo cierto es que no se veía un burro a cuatro pasos. Aquí en A Lobeira es común aparte de la falta de luz, y más en invierno y a primera hora de la mañana, que haya bancos de niebla de convección aislados, pero bastante “tupidos”. Al tema. Salí de casa trotando y cuando me había alejado ya unos 500 metros noté entre la niebla una presencia extraña que iba a cruzar por delante de mi a unos 25 metros, por una zona de árboles bastante frondosa. Se trataba de algún tipo de “bichería” de cuatro patas, posiblemente un corzo, que por aquí abundan, y que en aquel momento me erizó hasta los pelos de la regañeta. Me llené de aplomo y continué con mi “trote cochinero”. Todavía tenía por delante unos 8 Kilómetros más.

A la altura del primer Kilómetro y medio, cuando iba a pasar por delante de la segunda casa que hay en la ruta que había decidido seguir, me encontré con el segundo percance. Existe la costumbre, sobre todo en núcleos tan pequeños como en el que habito, de tener perros que “den o Raposo”, es decir, que ladren y ahuyenten al zorro cuando efectúa su ronda nocturna por los gallineros de la zona. Lo normal es amarrar a los pobres animales con una cadena al pie de una caseta, normalmente un viejo horno “reciclado” para la ocasión, ¡y ala!, que ladre hasta que no pueda más. Pero existe un segundo tipo de amarre para los canes de aldea. Este consiste en un alambre de unos 10 metros de longitud templado entre dos palos, como si de un tendal se tratase, por el que circula una argolla a la que va amarrada la cadena que ata al perro en cuestión. Todo este conjunto genera un efecto, a las 8 de la mañana de un día de invierno, de que el perro está suelto. Y uno, que aún encima fue mordido en la cara por un Pastor Alemán, cuando tan solo contaba escasos 4 años de edad, se asusta y para de correr temiendo lo peor, hasta que en el último momento, a escasos 8 metros, el pobre animal se detiene en seco cuando la cadena hace tope en el poste y no da más de si.

Pasado el susto, secado el sudor en frío y estabilizado el ritmo cardiaco, continué con mi “peripecia”. En el silencio de aquella mañana, a parte de escuchar mi compás de pisadas y respiración, también se escuchaban de vez en cuando crujidos provenientes del bosque, chirridos producidos por el viento al mecer las ramas más grandes de los eucaliptos o los pájaros que comenzaban a despertar, espero que no por mi culpa. Yo continuaba corriendo cuando 800 metros más adelante, a la altura de una casa pequeña pero muy bien conservada, sale un “Pastiche” (Cruce de Pastor Alemán y Caniche) ladrando como si me hubiese rociado “eau de Fox” por la mañana. De ese tipo de perros que son más falsos que nacer a las 25:30 horas de un 30 de Febrero, esos “preciosos y entrañables animalillos” que esperan a que les des la espalda para correr hacia ti y morderte a la altura del tobillo. Si, son los mismos que cuando uno va en coche o en moto, se quedan esperando a que pase para salir corriendo y ladrando detrás del vehículo. En el momento me llevé otro susto, este ya era el tercero en tan solo 20 minutos. Me di la vuelta, le grité un ¡PAAAASAAAA! Y di cuatro pasos hacia el hasta que lo vi perderse entre un curioso banco de niebla con forma de… ¿casa rosa?.

Decidí entonces, aumentar un pelín el ritmo y “atajar” por una pista que cruza por el medio y medio de varios montes de eucaliptos. ¿Para qué? ¿Por qué se me ocurriría esta brillante idea? Esa mañana desde luego no me había levantado muy católico, andaba un poco en “la berza”. Comencé a ascender un pequeño repecho y cuando llevaba corrido otro medio kilómetro, en medio de la nada, ni una triste edificación a la vista, me pasa un corzo macho, con sus “cuernitos” y todo, como a 5 metros de mis narices. Este si que fue “EL SUSTO” de la mañana. Creo que si me pudiese ver alguien, seguro que me veía más blanco que un leucocito de “Erase una vez la vida”.
A partir de aquí, más o menos ecuador de la carrera matutina, no sucedió nada especial hasta que me encontré a menos de un Kilómetro de mi destino. Momento en el que me pasó una de las cosas más surrealistas de todas las acontecidas esa mañana.

Estaba yo destrozándome las rodillas, bajando una cuesta abajo bastante empinada cuando, de repente me fijé y vi un bicho, mas bien alargado y pequeño, con una gran cola, que venía directamente hacia mi. Venía moviéndose como si fuera una Gineta o una Marta (ambos de la familia de los mustélidos, creo). Me armé de valor por última vez en la hora y 5 minutos de mañana que llevaba, pegué un grito seco y el bichillo se paró. Me observó e hizo ademán de emprender su camino hacia mi, momento que yo aproveché para volver a gritarle y acelerar un pelín más el ritmo. De este modo fue como espanté a lo que fuese aquel bichillo.

A raíz de esta serie de encontronazos con la madre naturaleza y la fauna que la puebla, decidí, a parte de no volver a correr en invierno a primera hora de la mañana, no volver a correr mientras no sea estrictamente necesario, no volver a correr hasta que los médicos me lo prescriban. Estos encuentros con animales de la zona me han hecho reflexionar sobre si merece la pena, por mantenerse en raya y ponerse en forma, quedarse tirado en el medio del monte con una mano menos o unos agujeros nuevos en el cuerpo, ya sean hechos por perro Pseudo-doméstico como por hembra de jabalí iracunda y muy protectora con su prole.

sábado, 4 de junio de 2011

DE MOTONAUTAS, MOTORISTAS Y MOTEROS

Mi moto delante de mi casa.
Hace ya casi un año que he dejado de fumar, prácticamente el mismo tiempo que hace que tengo moto, una bonita Harley Davidson Sportster 883 Iron. Desde que la “cabalgo”, estoy mucho más sensibilizado con el trato que los conductores de otros vehículos dispensan a las motocicletas. Antes no me paraba tanto a pensarlo pero… ¿te das cuenta de lo peligroso que resulta para un motorista la colillita sin apagar arrojada desde la ventanilla de un coche? (en mi caso las arrojaba siempre por el lado del copiloto, eso sin mencionar que pueden ser 400 leureles de multa si te pilla la Guardia Civil, o incluso cárcel, si se demuestra que has provocado un incendio). ¿Has pensado alguna vez, en esas pocas ocasiones en las que se adelanta a una moto, en cómo afecta el rebufo de un coche, monovolumen, camioneta o camión, a los vehículos de dos ruedas? Por no hablar de cuando algún hijo de puta (lo siento pero no tiene otro nombre) adelanta por dentro a una moto en una glorieta y al salir, cruzando por delante de ella, le cierra el paso en el único carril existente.

Hace dos o tres meses tuve que ver como una mujer, de entre 30 y 40, al volante de su flamante Seat León TDi de 110 CV; después de que yo, es verdad que de modo irregular, le adelantase por un arcén de más de 2 metros; después de casi aplastarme entre su coche y otro que se encontraba estacionado a la salida de la glorieta siguiente; después de que yo accionara mi claxon para advertirla de lo sucedido… Tuve que ver como me sacaba el dedo corazón por entre los dos asientos. Un dedo largo y perfectamente visible, mostrado con rabia que, resulta triste, pero también pudieron ver sus dos hijas, a las que debía de traer del colegio. La seguí, esperé a que terminara de aparcar (acto en el que invirtió más tiempo de lo normal, para ver si me iba) y le llamé la atención, no por casi tirarme, que era lo que ella pensaba que le iba a decir, sino por su mal ejemplo para con sus hijas mostrándome el dedo tan alegre y decididamente. Todo esto delante de tres conductores más que se encontraban detrás de mi moto, esperando, y delante de sus hijas que todavía no se habían bajado del coche. La señora, en puesto de “arrugarse”, ante mi “que sepa que lo que ha hecho no se debe hacer, y menos delante de las niñas”, exponía que, “que sepas que no puedes adelantar por el arcén como lo has hecho antes”.

Eso es, señora, razón de más que justifica malherir o matar a un motero. Razón de más para dar un ejemplo educativo detestable y completamente gratuito a sus hijas, para luego culpar al bajo nivel de la educación impartida en los colegios públicos y a las malas compañías que ellas frecuentan.

Si, ya sé que a lo mejor estás pensando, “¡Jódete!, ¡Ve en coche!, ¡Que también pasas por el arcén de la derecha o adelantas con línea continua!. ¡Que también me adelantas a toda leche por autopista sin preocuparte por el susto que me has dado con tus silenciadores inexistentes! ¡Que también evitas las caravanas y los atascos circulando, indebidamente, por el arcén. Y yo te pregunto: ¿Jódete? ¿Jódete? ¿De verdad piensas eso? ¡NOOOO!…, ¡MUY MAAAAAAL!,…

Eso se llama envidia, si, E   N    V    I    D    I    A, con todas sus letras, en mi pueblo y en el tuyo. La misma que sientes cuando vas en coche y la patrona te dice que vas muy rápido, al mismo tiempo que te adelanta un “Bemeta” con el cuenta vueltas en la zona roja.

Los moteros “somos persona, neng”… …y como tales pasamos frío en invierno, así como calor en verano; asumimos la función de ser “parte del chasis” de nuestro vehículo ante un accidente,  en el cual, de ocurrir, sufriríamos muchos más daños, dónde va a parar, que nuestro homónimo del coche; nuestra estabilidad se ve afectada por cualquier ráfaga de aire insignificante para un coche y un largo etcétera de contras con respecto a los vehículos capotados de cuatro ruedas.

Dirás que esto es porque queremos, que siempre podemos cambiar al coche, pero también te digo que hay gente que va a pié, corriendo o en bicicleta porque quiere (o en casos por necesidad) y no por eso les tiras basura o los atropellas sin más con tu “bólido”.

A ti, al que piensas de esa manera, te diré una cosa: El que algunos moteros vayan “liándola” o montando “pirulas” por la carretera, pensando que porque “vuelan bajito”, “pilotan una triple R, réplica del japonés Comimoto Tepaso” o que “van como Fojetes y nadie los cheira”, como les gusta decir, ya es todo de su propiedad y tienen carta blanca para hacer lo que les venga en gana, no quiere decir que todos los que vamos en moto, ya sea por gusto o por necesidad, seamos igual de irrespetuosos con el resto de usuarios de la vía pública.

Solo puedo terminar esta entrada con un: ¡HAY QUE JODERSE!