jueves, 19 de enero de 2012

DE MAL EN PEOR...



Sala de espera al uso...
Resulta que ayer a la tarde estuve en la clínica de atención primaria del servicio de asistencia sanitaria privada que tiene convenio con la oficina en la que curro y por ende, con nosotros, su personal.

Como diría alguno que conozco, "¡un lujo, que adelanto!" Hasta los carteles luminosos son nuevos del trinque. Consultas por doquier, muchas vacías ya que hay dinero para construirlas y equiparlas pero no tanto como
para mantener a personal cualificado dentro de ellas. Servicio de Pediatría, dos o tres médicos de cabecera, dos enfermeras y un practicante así como dos o tres secretarías o recepcionistas, como se las quiera denominar. Por todo lo alto.


Para quien solo conozca la Seguridad Social o algún que otro seguro médico facilitado por una clínica privada, de menor entidad esta segunda que una compañía sanitaria, como la nuestra, de nivel internacional, les contaré que, a pesar de no tener el mejor equipamiento (el mejor equipamiento lo sigue teniendo la Seguridad Social, y por el bien de todos que siga siendo así, Social y el Mejor, durante mucho tiempo), sí tienen, la mejor calidad en atención al cliente. Procedo a explicarlo. El seguro que nos suscriben en la oficina cuando nos incorporamos a trabajar aquí, en su modo de funcionamiento normal y cotidiano, garantiza que el asegurado o paciente en cuestión, no tarde más de una semana en ser diagnosticado y tratado de una dolencia tipo (no quiero decir con esto que si uno se rompe un brazo se lo curen por arte de birli-birloque). De este modo se garantizan el tenernos negreados lo antes posible después de un período de convalecencia.


Vamos, que a mi me duele un brazo y no tengo por que ir a mi médico de cabecera, voy directamente a un traumatólogo de los cuatro o cinco que tengo disponibles en la ciudad. Que noto que el dependiente de la ferretería mueve los labios pero no oigo lo que me dice, TAPONES, al otorrinolaringólogo a quitarlos. Y así en todos los casos. No es que uno se ponga enfermo a menudo pero este tipo de asistencia, aunque sea enfocada, por parte de los mandamases de mi oficina como una inversión en productividad (tenernos sanos y currando el máximo tiempo posible) también se agradece evitar esas largas listas de espera, pienso yo, o que a uno también lo atiendan por las tardes, que eso está bien cuando tu jefe de departamento es un pelín cabrón y no te deja abandonar tu puesto por un "catarrillo griposo inhabilitante". En definitiva, yo por lo menos, estoy contento con el funcionamiento de esta compañía en cuestión.


De todos modos, a veces, sobre todo en invierno, con los procesos catarrales en auge, es normal que haya que esperar un poco (media hora más o menos) para ser atendido.


Pues resulta que fui con mi esposa (ya he cubierto el permiso 87C, el de "hablar de mi mujer en el blog" para hablar ligeramente de ella) al centro de salud de mi seguro para que le mirasen una tos un tanto molesta que tenía. 


Allí estábamos, 18:30 horas de un día gris y lluvioso de enero en la ciudad departamental, Ferrol, sentados en una sala de espera llena de gente, a 10 pacientes de ser atendidos, una señora de unos 65 años habla que te habla, una conversación a voz en grito casi molesta para el resto de personas que estaban aguardando su turno, su interlocutora otra señora un pelín mayor y por lo visto un tanto sorda; la primera tenía puesto el volumen en modo "lounge" o "toda sala". De repente, casi asustándonos a todos, sale un hombre mayor y alto de la consulta, mi alma detectivesca me dijo que debía ser el sufrido marido de la sorda. Esta, al verlo, se despide de toda la clínica con un:
- BUENO, ENCARNA, PUES YA NOS VEREMOS, ¿OISTE? QUE NO SEA NADA, HIJA.
En este momento da comienzo una conversación de captación por parte de la primera señora. Era ese tipo de conversación que uno hace cuando está solo y aburrido a ver si alguien pica e hila la hebra para no aburrirse. A mi, desde que tengo el solitario en el teléfono móvil no me pillan nunca.


- ¡¡AAYYYYYYY...!! - soltó un fuerte suspiro y comenzó la táctica de enganche - Ya llevo aquí desde las 4 y media de la tarde y tengo el número "trintayseis". Desde luego... mucho tardan en atender, ¿eh? - todo esto sin dejar de pasear la mirada buscando a un o una incaut@ que le devolviese la mirada para comenzar la verdadera conversación.


- ¡¡AAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYY...!! - resopló cuan res en el matadero caminando hacia su final conocido y de repente una señora la miro (ERROOOOR, señora, MAAAAAAAL)


- Es que esto está fatal, ¿eh?, - se arrancó la primera - no hay derecho a que tarden tanto, tienen razón en la televisión cuando dicen que la Sanidad está fatal, ¿eh?, porque llevo aquí desde las cuatro y media de la tarde y mira la hora que es y todavía va el "trintaydós" dentro... llevo toda la tarde aquí...


En ningún momento dice que el que lleve tanto tiempo esperando y tenga el treinta y seis, es porque se ha liado a hablar con la sorda y no ha cogido el número hasta que esta se ha marchado, y entre una cosa y otra, le ha pasado media sala.


Y es que yo creo que hay que tenerlos cuadrados para ir a la sala de espera de un seguro privado y criticar lo lento que va. Denota esta actitud una falta de conocimiento total, absoluta y casi insultante de la velocidad a la que funciona la Seguridad Social, con la falta de tacto y educación que ello conlleva.


Que poca empatía con la gente que solo puede acudir a la Sanidad Pública, a perder una mañana o en ocasiones dos, a un médico de cabecera que le va a negar un volante para ir al pneumólogo, como si lo pagase el, y le va a recetar un tratamiento gracias al cual en verano se irá a Punta Cana, a sabiendas de que dicho tratamiento es igual o peor, en la mayoría de los casos que su homónimo genérico.


Lo peor de todo esto no es que la señora, como no conoce otra cosa peor, lo critique tan alegremente, sino que va la víctima, la que la miró mientras se quejaba y le responde:


- Si, desde luego... ¡VAMOS DE MAL EN PEOR!.


Que mal me parece que alguien se queje de que tiene los zapatos manchados de barro, cuando los que lo rodean tienen el barro al cuello. Y es que, en tiempo de crisis, la hipocresía, el cinismo y el egocentrismo se sitúan a flor de piel y lo jodido es que se contagian como la gripe o incluso más rápido. 


¡CUIDADO! PORQUE CAER ENFERMO DE ESO SI QUE ES IR DE MAL EN PEOR


La imagen la he cogido del blog "Doctor Gilbertman... supongo". 
Os recomiendo esta publicación en su blog:
http://gilbertman-oscar.blogspot.com/2011/04/conversaciones-en-las-salas-de-espera_27.html

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vivo na lobeira 1
Viejas en general 0

Gasolino dijo...

Muy bueno, amigo, muy bueno. Me quedo con el "No lo tolero" de twitter que diría el de Land Rober.