domingo, 15 de enero de 2012

¿NOVEDADES?

Otro año más la Lotería ha pasado de mi del mismo modo que lo hace un gato cuando no le ofreces nada que le interese, o del mismo modo que lo hace mi esposa esas veces que yo "tengo el día". De todos modos, y cumpliendo los tópicos que se barajan siempre en estos casos, diré que le ha tocado a gente que lo necesitaba más que yo, que los premios han sido muy repartidos, lo importante es que haya salud y un largo etc. Todo tópicos y "quedabienes",
porque creo que no hay cosa que ninguno desee más que recibir una alegría de ese tipo. Del tipo de "voy a finiquitar la hipoteca" o del tipo de "voy a cambiar de coche" o incluso del estilo de "me voy a pegar unas vacaciones de aupa". Vamos, que básicamente, creo que miente o se autoconsuela (una de dos) aquel que diga que está muy contento porque lo importante es que haya salud y tener a los amigos alrededor.

Todos los años igual...

Resulta que comienzas las "Fiestas Navideñas" con mucha ilusión, viendo señales y teniendo pálpitos por cualquier circunstancia que acontezca. En cualquier tema relacionado con fechas, números o lugares ves un posible premio de lotería. Vas a un bar a tomar un café, ves el número de la lotería y te dices que seguro que es ese el afortunado y lo compras ¡Y una mierda! Nunca toca. A mi por lo menos. Pero de esto siempre me doy cuenta pasado el día del sorteo ¿Por qué será? Mi mujer tiene sueños, yo tengo "premoniciones", pero al final debemos de soñar o de "premonicionar" en otro idioma que no es el numérico tradicional, porque jamás acertamos. ¿Significará esto que nuestros sueños son en Arameo? ¿Quizá cuando soñamos con números, estos están en tipología cuneiforme?

Por otra parte, comienza la carrera que, apoyado por vecinos, amigos y familiares, estos últimos directos o políticos, te llevará a superar los casi 10 Kg más de masa corporal con que finalizaras el preríodo navideño. ¡Malditos Polvorones! ¡Malditos cacahuetes! ¡Maldito metabolismo de mierda que tengo! Si, maldigo a todos los alimentos engordantes que no debo comer, pero que a la vez me encantan. Maldigo mi gula, mi ansia desmedida que no puedo controlar cuando en la mesa veo un alimento que me encanta. Daría algo por poder comer de todo sin preocuparme por los kilos. Porque siendo como soy, ahora me toca joderme y ponerme a hacer deporte, comer más ensaladitas y en definitiva controlarme, si no quiero que llegando el carnaval, cuando empiece a comer orejas y demas viandas típicas, se salten todas mis seguridades y reviente como un globo del "todo a cien".

Otro tema es la parte en la que, como a uno le gusta cocinar, lo "fichan" de pinche para las cenas y comidas que se celebran con motivo de la Natividad de "Susito" o del cambio de año. No es que me moleste, que en el fondo me encanta, me gusta ver como la gente alaba algo que yo he cocinado con todo mi esmero, pero llega un momento en que satura; ese momento en el que aquel que te "contrata" da por sentado que vas a hacer tantas cosas que piensas: "esta persona, (normalmente familia directa, no política, es decir, madre padre o hermano) se debe de pensar que esto es un cátering y que me va a pagar por lo que me está encargando". Jode un poquitín.

Vamos, que la Navidad está cojonuda porque tenemos ilusión, nos proponemos imposibles antes, durante y despuñes, todo es amor y felicidad para con el prójimo, recibimos regalos y los hacemos, comemos opíparamente, queremos a todos nuestros amigos desmedidamente, atiborramos nuestro perfil de "Caralibro" con felicitaciones copiadas y pegadas de cualquier sitio; en definitiva, porque es Navidad y todo eso solo se hace en Navidad, en una boda o de borrachera.

Ea, ¡aí queda eso!

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