jueves, 31 de enero de 2013

CABREO EN EL TALLER II: EL MISTERIO DE LA RÓTULA TORCIDA

Hace cosa de un mes, un pelín antes del comienzo de las Navidades, le hice un "regalo" a mi coche. De paso que le cambiaba las ruedas, me compré por internet unos silentblocks de la dirección, concretamente los más duros que hay a vender, y un juego de rótulas de la dirección de las mejorcitas que hay en el mercado.

Dada mi experiencia previa, tenía que cambiar de taller, y finalmente me decidí por uno en el que en su día ayudaron a mi mujer con un rebentón de una rueda, a parte de que el dueño era conocido.


Allá que me fuí. Pregunté por tarifas de montaje de ruedas... y bien, unos 12€ por rueda, alineado incluido. Pregunté por tarifas de hora de taller... y bien, unos 20€ más IVA. Pregunté por presupuesto de horas para cambio de silentblocks, rótulas de la dirección, más montaje de ruedas, equilibrado y alineado de la dirección (poniendo yo las piezas, ruedas incluidas)... y también correcto. Como siempre pasa cuando llevas el coche al taller, aparece algo, y en este caso fué un trapecio torcido, que hubo que cambiar. Imponderables que surjen al reparar y mantener.

Una tarde y una mañana después, pasé a por el coche muy contento por tener ya mi vehículo listo. 

Salí con mi coche listo y dando volantazos, frenazos, acelerones, más volantazos... vamos lo que los tíos hacemos para "probar" el coche. Y no iba yo muy convencido. Desde un primer momento, notaba algo raro, una leve desalineación así como una sensación de demasiada soltura en la recién alineada dirección, que en un primer momento achaqué a lo que yo defino como efecto pedaleta. 

Cuando eras crío y llevabas mucho tiempo con las mismas pedaletas en la bici, se iban jodiendo los rodamientos y terminaban torciéndose. En el instante en que ponías las nuevas, tu bici no iba "como siempre" y la notabas rara. A eso es a lo que llamo el efecto pedaleta.

Pues bien, la tarde en que lo recogí, bajé de casa a hacer la compra y, aprovechando un tramo de curvas lo volví a "probar". Al salir de una curva, un ruido bajo el asiento del copiloto, como el que haría una rama de acero forjado al pisarla... Pues, ya mosca, al aparcar el coche ante el supermercado, allá que me tiro al suelo y desconfiando, uno que es así, ayudándome de una linterna, ojiplático, observo como uno de los tres tornillos no estaba donde tenía que estar. Y el de al lado, estaba flojo. Llamé al taller y al contárselo, me citaron para el día siguiente a primera hora.

Al día siguiente, tras el madrugón, llegué al taller, me solucionaron la carencia y apriete de los tornillos... los del coche, y me fuí, tanto o más contento que el día anterior. Iluso de mi, pensando que el problema de la dirección habría sido debido en parte a la flojedad tornillil de la pieza. Quise autoconvencerme durante la siguiente semana, propiciando así el comienzo de las Fiestas Navideñas. Pero a pesar del autoengaño ¡noooo!, seguía ahí, el muy zaino... Acelerón brusco, coche hacia la izquierda, reducción de marcha, coche hacia la derecha... ¡Maaal! 

Un día regresando de casa de mis padres, efectuando otra más de mis "pruebas", al salir de una curva... vibraciones y arrastre de la rueda derecha... PINCHAZO en la rueda del PP delantera. Me paro en cuanto puedo y me pongo a ello, no sin antes ponerme el chaleco, que guardia civiles, haberlos hailos. Y como no, Murphy siempre al quite, en cuanto tuve la rueda pinchada en el suelo y la de repuesto cogida por las tres primeras vueltas del primer tornillo, me cayó una pedazo granizada que me faltaba sabor y vaso unicamente. Justo antes de irme cayó un rayo que hasta consiguió que me asustase y todo. El caso es que esto sucedió el viernes por la tarde, así que hasta esta semana no pude acudir al taller. Concretamente antesdeayer, pasé para preguntar si arreglaban pinchazos y, de paso le comenté que el coche hacía "extraños" al acelerar y frenar. Quedó en llamarme en cuanto tuviese un hueco.

Y ya llegamos a hoy. Estaba yo en casa, fantaseando con ponerme las zapatillas de casa y la bata, y con ver una peli de esas que solo me gustan a mi (mi mujer estaba currando), cuando me llaman del taller y me dicen si puedo llevar ya el coche. Cojo lo necesario y parto, raudo y veloz, hacia mi servicio técnico. Al llegar allí suben el coche al elevador y desmontan la rueda en cuestión...

COMIENZA LA ODISEA...

Mientras uno me relata que lo que tengo allí es cualquier cosa menos una rueda, es decir, que no es un pinchazo, si no que el aire se va porque tengo la rueda cuadrada, el otro me dice que lo que provoca que la dirección no vaya bien, es que las rótulas están rotas. ¡Joooder! ¡Menudo marrón!

- ¿Me quieres decir que unas rótulas nuevas se han jodido en solo un mes?
- Ah, ¿que no son las de origen? - me dice el mecánico más chulo. 
- Pues claro que no, ¿no te acuerdas que me las cambiaste tu? - en ese momento debió de pasar un unicornio o algo por el estilo que le borró la memoria al chulo.
- Si me acordara de todos los que traen su coche a reparar...
- Joder pues las compré yo en una página web porque eran las mejores. Pues anda que salieron buenas...
- Bueno, eso son cosas que a veces pasan, y además son perry-tuerquen, a veces lo caro sale malo (lo pongo en negrita porque me jodió especialmente esa frase, sobre todo el tono condescendiente con que lo largó).

En un primer momento pensé que los de la página web me habían tangado con las piezas, y comencé a consultar la manera de devolver las piezas como defectuosas. Me estaba cargando la batería del movil de lo lindo. El mecánico chulo me consultó, y tras mi afirmación, le mandó al mecánico "buenagente" pedir dos rótulas de dirección nuevas. En cuanto llegaron, las colocó aprisa y corriendo y se fue, con la excusa de que tenía cosas que hacer, dejándole todo listo al "buenagente" para montar las ruedas y alinear la dirección.

El buenagente estaba terminando un cambio de una batería. En cuanto terminó le puso las ruedas a mi coche y se dispuso para alinear la dirección.

- No puede ser - dije para mi al ver como parpadeaba la luz del monitor, señal inequívoca de que la CPU no se había encendido.
- ¿No va? - pregunté
- No - me dice "buenagente".

¿Qué más podía pasar? "Buenagente" llamó a un taller cercano, precisamente de la marca de mi coche para pedirles de favor que me alineasen la dirección y así dejarme el coche listo. Colgó el teléfono y me mandó para allá con un coche in-conducible mientras el le hacía el cambio de aceite al utilitario de un adicto al "guasap" calvo.

Conseguí llegar sano y salvo al servicio oficial, a pesar de no poder pasar de 40 por los bandazos que daba el coche. Al poco de llegar, salió un mecánico, forró todo lo susceptible de ser enguarrado de grasa y metió el coche en un elevador. En cuanto lo subió, llamó al encargado de taller, le señaló las rótulas, se giraron hacia mi y me temí lo peor...
- Mira, tes as rótulas do revés. Así non te podemos alinear a dirección. Tes que ir alí que chas cambien. A curva vai cara atrás, non cara diante. Eso si, ten moito coidado porque así non vai ben o coche. 

¡ASOMBROSO, OTRA EN LA FRENTE! El mecánico chulo, el que tanto sabía de boquilla, el que se lavaba la cara por las mañanas con anticongelante y desayunaba una taza de valvulina caliente con rodamientos, ese "doctor" en mecánica moderna, había montado unas rótulas de dirección de uno de los modelos más vendidos de los últimos 9 años, del revés, ¡DEL REVÉS, CHULO DE MIERDA!

Volví a junto el buena gente, le conté lo ocurrido y vi, literalmente, como se le caían los cojones al suelo. Le apuntillé que ahora ya no las tenía todas conmigo con respecto a las rótulas. Ya no estaba tan seguro de que fuesen defectuosas. Me inclinaba más hacia el lado de que el "CHULO DE MIERDA" se había saltado el fascículo de "Derecha e Izquierda" en Barrio Sésamo. Cagando hostias, porque ya eran las ocho menos cuarto de la tarde, "Buenagente" subió el coche al elevador, cambió las rótulas de lado y volvió a bajarlo, todo ello aderezado con algún que otro juramento e impropelio hacia su "fantástico" compañero.

Regresé al servicio oficial y cual es mi sorpresa cuando veo que donde hacía nada estaba mi coche, ahora había un coche cambiando el aceite. Salió la "recepcionista" y me dijo que era imposible alinear la dirección hoy, que iba a tener que venir mañana.

- ¿Y ahora que hago yo? ¿Me quedo sin coche? - la tipa me miraba perpleja - Ya se que tu no tienes la culpa, pero entiéndeme, llevo desde las cuatro y media a vueltas con esto (le conté lo ocurrido), y ya no me puede pasar nada más - La impotencia se adueñó de mi y por un momento brotó en forma de lágrimas por mis ojos. Si, me ablandé, cegado por la impotencia lloré (contenido, pero lloro, al fin y al cabo) como hacía tiempo que no lloraba, y quizá fue eso lo que la hizo querer ayudarme. Y es que a veces, ver a un tío que pasa de los cien kilos, llorar de rabia, hace recapacitar a la gente. En menos de dos minutos mi coche estaba alineándose y en cosa de diez minutos lo tenían listo. 

Por primera vez en un mes, la dirección iba como yo esperaba que fuese en un primer momento. Más calentito no podía estar. Cuando regresé al taller de "confianza", hablé con "buenagente" y me quedé más tranquilo al ver que iba a hacer lo posible por mi para que el que lo hizo mal lo pagase. Y en esas estoy, lo siguiente a esto es el desahogo que siento ahora mismo tras escribirlo todo... Nada más, por ahora, ¿continuará?...

1 comentario:

Andiego dijo...

Descansa, merecido lo tienes. Y tu coche también.