sábado, 24 de septiembre de 2011

CELTAS Y PASTILLEROS.

Resulta que ya se acabó el verano. Si, esta época lluviosa que dejamos atrás ha sido todo nuestro verano. Y como cada verano hemos estado repletitos de festivales, fiestas gastronómicas y otras caralladas que, a nosotros los gallegos, nos pirran.

Escenario de Ortigueira 2011 en la página
http://welcometogalicia.blogspot.com
En otra época yo me calzaba mis tenis viejos, o playeras como dirían en otras zonas de la península y parte del extranjero, mi peor pantalón, una camiseta, cuanto más llamativa mejor y me iba de aquí para allá, con un viejo pero cuidado seat 127 blanco, a todo cuanto festival teníamos en la comarca de Ferrolterra. Por aquél entonces había menos que hoy en día. En Julio estaba el Festival do Río Castro, en el que, gracias a que un amigo tenía una casa allí en Narahío, estaba desde sábado antes de comer hasta domingo a la misma hora, de farra. Buen churrasco, cerveza, luego cosas más cargaditas que la cerveza, buena música celta, normalmente grupos menos conocidos de lo normal, pero muy buenos. En definitiva, fines de semana geniales.

Terminando Julio estaba el Chorrocientos Festival del Mundo Celta de Ortigueira y Tal. Por aquel entonces no le pertenecía aún a Estrella Galicia. Muy saturado de gente, siempre te robaban algo o alguien te dejaba un “regalito” en el coche. Pero como festival era, EL FESTIVAL del verano por excelencia. Una explanada llena de toldos, cada uno de su padre y de su madre. Las numerosas bandas escocesas o bretonas pidiendo de beber y yo de interprete. Llegó a darse el caso de no pagar ni la primera copa desde el viernes a la tarde hasta el lunes por la mañana. Eso era un festival y el resto tonterías. Duchas “Hippies”, como llamábamos a las duchas al aire libre del campo de Morouzos, donde las mas atrevidas y los que apostábamos con los colegas, nos duchábamos en cueros, como Dios nos trajo al mundo. Si amigos, yo tuve un pasado algo lanzado pero que se le va a hacer, tarde o temprano todo acaba, ¿no?. El caso es que Ortigueira era uno de mis favoritos, ya que era música y cervecitas desde viernes por la tarde hasta el lunes por la mañana.

Ya en agosto, están los festivales de Pardiñas y de la Carballeira de Zas, de los cuales no puedo hablar mucho ya que he comenzado a ir hace sólo 3 años y no puedo comparar con como eran antes, aunque por lo que tengo entendido, el más fiel a sus orígenes es el de la Carballeira de Zas. Os lo recomiendo. Paga la pena.

Y más bien hacia finales, estaba el que para mi fue la iniciación en esto de los festivales de música celta, ya que comencé a ir con un tío (hermano de mi madre) que me llevaba, siempre con permiso materno claro, desde los 15 años. Era el fabuloso e inigualable Festival Irmandiño de Moeche. La piel de gallina con aquellas arengas propiciadas en ocasiones por Xurxo Souto o por algún miembro “arroutado” de la asociación que organizaba (y organiza) el festival. Aquella serpiente de fuego surcando la negrura de la noche, con todo el alumbrado público apagado, corriendo hacia el castillo para dar comienzo a, por entonces, una auténtica batalla entre los señores del castillo y los “Irmandiños”. Todo recreado con unos buenos fuegos artificiales que daban paso a las dos mejores actuaciones de la noche. Era solo un sábado pero para mi siempre fue el más bonito.

Con esta breve descripción del panorama festivalero de finales de los 90, volvemos al presente. Y es que hay en todo esto algunas cuestiones que me tienen negro de incertidumbre.

La primera es, que tal como yo lo veo, los únicos festivales que han mejorado con el tiempo son los que permanecen fieles a sus orígenes, ya que cada vez más festivales, buscando patrocinio económico, “se venden” a las marcas que lo único que buscan es lucro y no difusión cultural, aunque nos quieran hacer creer esto último con eslóganes del tipo de “Estrella Galicia con la Cultura Gallega”. Para darnos cuenta de esto solo tenemos que mirar la evolución del Festival del río Castro y la del de Ortigueira.

La segunda de esas cuestiones es: ¿Por qué ese afán por contratar a grupos heavys, de rap o de Ská? Que yo sepa, música celta no significa, grupos de cualquier estilo formados por gente de cualquiera de las “naciones” consideradas celtas. La música celta es una mezcla de música tradicional de alguna de las ya mencionadas “naciones” celtas con instrumentos de música modernos. Contratar a unos raperos catalanes para un festival de música celta, para mi es cargárselo.

Y la última es: ¿QUÉ COÑO PINTA UNA CARPA “DENS” (dance, para los más anglo-puristas) EN LA ZONA DE ACAMPADA DEL FESTIVAL? ¿Por qué la organización de dicho festival, para maximizar la afluencia de gente así como la ganancia de dinero, ve correcto joder a todo aquel que va a seguir los conciertos, tomarse unas copas y dormir por la mañana? Os lo digo, por dinero y una cifra muy abultada cuantitativa y no cualitativamente hablando. Para mi el símil es como si permitiesen a Bijou Brigitte (franquicia de tiendas de bisutería) montar un puesto en la zona de artesanía celta del festival. Porque no permitir ya que le cambien el nombre al festival y le llamen Festival Internacional de Música Patrocinada por Los 15 Hermanos, porque realmente es en lo que se están convirtiendo.

Carpa Dance en la página
http://www.zonadeobras.co
En definitiva, el dinero, la ambición de popularidad o la popularidad en si misma, así como las guerras, propician extraños compañeros de cama. Pero por más dinero que me ofrezcan no dejaré de escribir en este blog lo que me salga de la cabeza. Hasta pronto, blogueros.

1 comentario:

Peque dijo...

Qué razón tienes. Que el mundo se mueve por dinero, sí! Que cada vez preocupa más el tener y consumir sin medida, sí! Pero eso no significa que tengamos que claudicar. Si hay un festival donde permiten poner un mostrador de bisutería lo que hay que hacer es no comprar allí o gastar menos y comprar artesanía a un precio justo. Que dan conciertos de música celta y en el medio uno que no pinta nada pues te vas y vuelves cuando merezca la pena. No podremos cambiar el mundo de golpe pero los pequeños gestos pueden conseguir grandes resultados.